Este tema en particular roza en aguas profundas dentro de mi
psiquis, es algo que no deseo repetir.
Cuando vas a la escuela y sacas buena nota en un examen te
alegras, no puedes esperar para decirle a todos tus seres queridos, porque
necesitas dentro de ti mismo una confirmación de que lo has hecho bien, una
retribución por todo el tiempo y esfuerzo que fue invertido. También ocurre
cuando tuviste un mal día, quieres llegar a tu casa, contar toda la historia y
esperar que te digan cosas que te hagan sentir mejor.
Imagina entonces un escenario en donde no tuvieras este tipo
de retribuciones, en donde no encuentres un “te felicito” o “todo estará bien” ¿Cómo
te sentirías al respecto? Las validaciones ahora se convierten en un punto clave
que no habías notado anteriormente.
Ahora bien, el ejemplo anterior fue algo extremo, no estoy
diciendo que fuese mi caso, sin embargo no se necesita vivir lo extremo para
verse afectado. He sufrido buena parte de mí vida por las validaciones ausentes
de mis sentimientos, las personas no parecen notarlo, pero cuando un niño dice
que tuvo un mal día, espera algo que abrigue su alma y no un “ignoralo”. Puedo
entender porque lo hacen, mucha atención a los sentimientos puede malcriar a un
niño, también entiendo que ignorar una situación es una forma de “cerrar un
problema” pero cuando la conducta es repetitiva y desbalanceada las
consecuencias pueden ser grandes.
He luchado fuertemente para entender que mis sentimientos
valen, antes simplemente me veía como que mis procesos eran menos importantes
que lo de los demás, siempre “muy niña” muy fuera de lugar, muy “inconveniente”.
Esta situación me llevo a cerrarme por completo, a no permitir que nadie viera
mi interior (porque no había nada importante que ver), a creer que era “tonta”
por sentir lo que sentía, a no luchar por mis creencias, ni siquiera a tener
preferencias.
Falta de autoestima, determinación, entre miles de cosas más.
La constante necesidad de validación externa, que era más desproporcional a la
normal debido a las carencias, lo que llevaba a falta de personalidad y firmeza
en mis convicciones.
Hoy puedo decir que quien no valora tus sentimientos no
entiende el daño que hace, especialmente si es un padre o una pareja, así como también
puedo ver que yo misma necesito darle su lugar a mis sentimientos, honrarlos
por lo que son, darles una oportunidad de manifestarse dentro de mi si censura.
Mucha gente se encuentra atrapada en sí misma, sus problemas
y no toma un segundo para valorar las emociones de la otra persona. Nadie sabe
a ciencia cierta lo que la otra persona a vivido (ni siquiera los padres) por
eso es importante no creer que sabes lo que la otra persona debe sentir. A
veces un zapato roto es una tragedia para una persona y al no entender porque
juzgamos y desvaloramos su dolor.
El dolor que cada persona siente es único, nadie puede realmente
entender la magnitud y nadie debería intentarlo, necesitamos respeto entre
nosotros mismos así como misericordia.
Hoy no puedo decir que estoy “curada” de este mal, solo que
ahora veo las cosas desde otro punto de vista, entiendo los motivos de las
personas cuando a veces piensan que “es lo mejor para ti” y vivo intentando
sanar y no repetir este patrón con nadie más.
Nadie sabe qué es lo mejor para ti, ni siquiera tus padres,
pues ellos no pueden saber desde nuestra limitada perspectiva humana que fue lo
que vinimos a aprender en esta encarnación.
Valora y valida los sentimiento de otras personas y sobre
todo los tuyos propios…
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