sábado, 19 de octubre de 2013

Validaciones



Este tema en particular roza en aguas profundas dentro de mi psiquis, es algo que no deseo repetir.
Cuando vas a la escuela y sacas buena nota en un examen te alegras, no puedes esperar para decirle a todos tus seres queridos, porque necesitas dentro de ti mismo una confirmación de que lo has hecho bien, una retribución por todo el tiempo y esfuerzo que fue invertido. También ocurre cuando tuviste un mal día, quieres llegar a tu casa, contar toda la historia y esperar que te digan cosas que te hagan sentir mejor.

Imagina entonces un escenario en donde no tuvieras este tipo de retribuciones, en donde no encuentres un “te felicito” o “todo estará bien” ¿Cómo te sentirías al respecto? Las validaciones ahora se convierten en un punto clave que no habías notado anteriormente.

Ahora bien, el ejemplo anterior fue algo extremo, no estoy diciendo que fuese mi caso, sin embargo no se necesita vivir lo extremo para verse afectado. He sufrido buena parte de mí vida por las validaciones ausentes de mis sentimientos, las personas no parecen notarlo, pero cuando un niño dice que tuvo un mal día, espera algo que abrigue su alma y no un “ignoralo”. Puedo entender porque lo hacen, mucha atención a los sentimientos puede malcriar a un niño, también entiendo que ignorar una situación es una forma de “cerrar un problema” pero cuando la conducta es repetitiva y desbalanceada las consecuencias pueden ser grandes.

He luchado fuertemente para entender que mis sentimientos valen, antes simplemente me veía como que mis procesos eran menos importantes que lo de los demás, siempre “muy niña” muy fuera de lugar, muy “inconveniente”. Esta situación me llevo a cerrarme por completo, a no permitir que nadie viera mi interior (porque no había nada importante que ver), a creer que era “tonta” por sentir lo que sentía, a no luchar por mis creencias, ni siquiera a tener preferencias.

Falta de autoestima, determinación, entre miles de cosas más. La constante necesidad de validación externa, que era más desproporcional a la normal debido a las carencias, lo que llevaba a falta de personalidad y firmeza en mis convicciones.

Hoy puedo decir que quien no valora tus sentimientos no entiende el daño que hace, especialmente si es un padre o una pareja, así como también puedo ver que yo misma necesito darle su lugar a mis sentimientos, honrarlos por lo que son, darles una oportunidad de manifestarse dentro de mi si censura.


Mucha gente se encuentra atrapada en sí misma, sus problemas y no toma un segundo para valorar las emociones de la otra persona. Nadie sabe a ciencia cierta lo que la otra persona a vivido (ni siquiera los padres) por eso es importante no creer que sabes lo que la otra persona debe sentir. A veces un zapato roto es una tragedia para una persona y al no entender porque juzgamos y desvaloramos su dolor.

El dolor que cada persona siente es único, nadie puede realmente entender la magnitud y nadie debería intentarlo, necesitamos respeto entre nosotros mismos así como misericordia.

Hoy no puedo decir que estoy “curada” de este mal, solo que ahora veo las cosas desde otro punto de vista, entiendo los motivos de las personas cuando a veces piensan que “es lo mejor para ti” y vivo intentando sanar y no repetir este patrón con nadie más.

Nadie sabe qué es lo mejor para ti, ni siquiera tus padres, pues ellos no pueden saber desde nuestra limitada perspectiva humana que fue lo que vinimos a aprender en esta encarnación.

Valora y valida los sentimiento de otras personas y sobre todo los tuyos propios…





No hay comentarios:

Publicar un comentario