Hoy solo quería compartir con ustedes un poco sobre la intuición
debido a que ha ganado un papel protagónico en mí vida recientemente. Inicie por
preguntarme que era realmente, hoy estoy tratando de “entrenarme” para poder
escuchar cuando se haga manifiesta.
Es difícil confiar en uno mismo, encontrar ese espacio
dentro de ti que te da las respuestas de una forma natural, armónica y
espontanea, es un proceso en el cual hay que trabajar, hay que desearlo. Al principio
me preguntaba ¿Cómo se que esto es real y no solo una creación de mi mente?,
pero la respuesta a esa pregunta está en la fe y la prueba real, te explico.
Al inicio nos ponemos a prueba en un acto de fe, es como
jugar la lotería, simplemente probamos, confiamos, nos “lanzamos al agua”, pero
luego empiezas a ver prueba real, empiezas a notar que actuar bajo tu intuición
da siempre los mejores resultados, es entonces cuando te emocionas, porque te
das cuenta que es real, hay algo dentro
de ti (o afuera) que te guía, que sabe el mejor camino, y tu puedes acceder a
esta información.
Cuando tienes que tomar una decisión en un momento de
angustia puedes acudir a tu intuición, pero mientras más presión tengas, más difícil
te será escucharte, yo siempre trato de cerrar los ojos, respirar profundo y
encontrar ese espacio dentro de mí de calma, esa sensación que ya he aprendido
a reconocer como “si” o “hazlo” cuando me hago la pregunta ¿debería yo…?
Pero lo que me ha ayudo a confiar en mí misma, a entender cómo
funciona la intuición de una manera más personal ha sido sin duda la práctica
de la meditación (que me ayuda a estar en calma y entonada con una mejor
frecuencia vibratoria) y por supuesto las cartas.
Cada lectura es un reto para la intuición, es como una sesión
de una hora de gym, es en verdad confiar en ti, en el proceso, y conocer las
sensaciones que se emiten en tu cuerpo. Cuando leo para mí siempre me sorprendo,
pero cuando leo para otros siempre conservo ese temor, esa desconfianza, y cada vez que me dicen que es correcta la
lectura, es como música para mis oídos, es la confirmación de que la intuición
existe y se puede pulir, igual que un diamante.
Me encanta.
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