No hay nada como comenzar tu día normal, con moderado animo,
buenas perspectivas cuando de pronto, sin siquiera avisar ¡PUM!, escuchas una
canción, o percibes un olor particular y te transportas a un momento de tu
pasado.
Te sientes exactamente como te sentías en ese preciso
momento, recuerdas con detalle lo que hacías, y así te pierdes lentamente, te
sumerges en el mar de emociones que te arrastra lentamente hasta sacarte toda
tu energía.
Quiero aclarar que esto sucede ya sea que el recuerdo sea de
un buen o de un mal momento, te invade e hipnotiza como el flautista con las
ratas (un cuento de hadas), nos dejamos llevar tan fácilmente.
En particular disfruto algunas hipnosis de este tipo, por
mucho tiempo me ha encantado perderme dentro de mí misma, y soy de hecho muy
buena en el proceso, he sido cuidadosamente entrenada.
Sin embargo hoy no fue una de esas experiencias placenteras,
hoy me trasporte lejos, a un tiempo donde estaba tan perdida, un tiempo sin
esperanza, todo con una balada, las emociones se acrecentaron tan aprisa que
apenas si tuve tiempo de entender lo que me sucedía, trate de detenerlo pero ya
era demasiado tarde, hasta para el dolor el humano es impresionante, le gusta
(y hablo por mi) perderse en la marea, bañarse en las crecientes emociones, un
circulo vicioso podría decirse.
Aun ahora, horas después siento los efectos de la ola,
porque me doy cuenta que hay asuntos inconclusos dentro de mí, asuntos de los
cuales me debo hacer cargo con urgencia, no es buena idea dejar cuadros
dolorosos por ahí esperando a ser activados hasta por una brisa fría, y es tan
sencillo hacer eso, preocupantemente sencillo.
Hoy me siento una persona diferente a la Marisela que se
evoco en ese recuerdo, he cambiado por dentro y por fuera, aún se conservo
algunas cosas, pero pude salir de esa situación que me tenía tan perdida, pude
encontrar herramientas para enfrentar esa situación fui capaz y lo hice.
Sin embargo miro esa Marisela con nostalgia, porque no sabía
todo lo que tenía por delante, la miro como una madre mira a su hijo, me miro
con misericordia, amor, entendimiento de que era lo mejor que podía con las
condiciones que vivía, me miro pensando en todo esto y esperando no volver a
estar así jamás…
Odio estos botones emocionales y al mismo tiempo me gustan,
porque esa Marisela esta dentro de mí y de vez en cuando debo recordarle que
estoy aquí para ella, estoy aquí para mí…
No hay comentarios:
Publicar un comentario